ROSTROS DE LA INMIGRACIÓN

Las personas migrantes son la razón de nuestro trabajo diario, de nuestra lucha constante por un mundo más justo e igualitario. Tras sus rostros se esconden miles de historias, cada cual con su guión particular, pero todas con un mensaje común: Aún existen barreras por derribar si queremos vivir en un sistema libre de #inmigracionalismo, en un orden de las cosas donde cada individuo grite #yoelijoserhumano.

Hoy comenzamos la serie Rostros de la Inmigración, una recopilación de historias personales que busca ponerle cara al fenómeno migratorio en la provincia de Valladolid.

LOS SUEÑOS DE NICOLETA:

Nuestro repaso por los Rostros de la Inmigración arranca con la historia de la joven Niculina Coman, pues su testimonio constituye un ejemplo de cómo las ganas de superación son el mejor aliado que se puede tener cuando se trata de hacer las maletas y partir en busca de una nueva vida.

Hace tres años, Niculina emigró de Rumanía y encontró en Procomar Valladolid Acoge el asesoramiento que necesitaba en cuanto a temas diversos -y a menudo complejos incluso para los vallisoletanos de nacimiento- como trámites burocráticos, opciones educativas para su hija, formación y búsqueda de empleo, entre otros. Poco a poco, su mar de dudas se fue transformando en pasos firmes, en objetivos cumplidos, en peldaños menos costosos de subir.

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Niculina, o Nicoleta, como prefiere que la llamen sus amigos, es una de esas mujeres que van por la vida con la camisa remangada y la sonrisa permanente. Asegura que la asociación la ha ayudado a crecer, a mejorar y a luchar por unos sueños que, por cierto, tiene muy claros: abrir una tienda de ropa de segunda mano, con la que también pretende ayudar a recaudar fondos para la asociación, y montar su propio negocio de repostería con recetas típicas de Rumanía.

Además, de beneficiaria del proyecto Nicoleta ha pasado recientemente a convertirse en voluntaria: “Soy muy comunicativa y disfruto ayudando a la gente, así que hago esto por gusto, por placer, porque me gusta mucho hacer feliz a los demás”, asegura entusiasmada. En enero planea impartir en la asociación un taller de punto y ganchillo, así que estad atentos al blog y la página web si os apetece mejorar vuestra habilidad con la aguja.

Ante la pregunta sobre el posible retorno a Rumanía, Nicoleta tuerce el gesto y niega firmemente. “Es muy duro cuando lo piensas [no volver al país natal], por supuesto que es duro estar lejos de tu familia, pero en Rumanía no puedes prosperar: el sueldo más alto sólo roza los 600 euros”. Para la joven Nicoleta, como para otras muchas personas migrantes, volver a casa no es hoy compatible con luchar por una vida mejor.

 

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