NUESTRA MIRADA

45Asistimos día tras día en las últimas semanas a innumerables imágenes de hombres, mujeres y niños, familias enteras huyendo del hambre, el miedo y el terror: de la guerra.

Noticias sobre el número de personas que han fallecido ahogadas intentando llegar a las costas españolas, italianas o griegas.
Imágenes de policías intentando contener a una multitud desesperada, vallas fronterizas con agujeros por los cuales intentan pasar, la incalificable acción de una periodista húngara… Al verlas en la televisión, sentimos una mezcla de desasosiego, pesar e incredulidad. ¿Cómo es posible que esto esté ocurriendo? Y pensamos en nuestra propia familia, en nuestros hijos y quizás nos preguntamos ¿qué haríamos nosotros?
Ante esta tesitura una opción es apagar la televisión, pensar en otra cosa o mirar para otro lado. Si, en cambio, optamos por reflexionar sobre lo que nuestros ojos están viendo,tampoco existe una respuesta sencilla. Todo lo contrario.
La geopolítica tiene sus propios tiempos e intereses al margen de la realidad existente:
En primer lugar, hay que distinguir el concepto inmigrante económico/refugiado. Esta disyuntiva plantea que hay que ofrecer una respuesta al conflicto bélico que está generando un éxodo de enormes dimensiones hacia Europa por razones humanitarias. Con esta argumentación, se está obviando que la pobreza, el hambre y/o la persecución son cuestiones anexas que llevan demasiado tiempo golpeando a las puertas del continente.
En segundo lugar, la cuota o cupos por países. La Unión Europea acaba de aprobar el reparto de 120.000 refugiados en los próximos años con la fuerte oposición de varios miembros como Hungría, Eslovaquia, República Checa y Rumanía. La política interna de cada país juega un papel fundamental a la hora de tomar decisiones en este tipo de negociaciones. Unos pocos se han negado y el resto discute sobre el número de refugiados que puede asumir, la capacidad de gestión y el presupuesto que haría falta para ello.
Ya en el año 2006 en su libro: Y vendrán…Samir Nair hablaba sobre volver a constituir el derecho de asilo: “todas las sociedades, incluso las más arcaicas y primitivas, conocen y respetan el deber de asilo, ya que es consustancial a la esencia humana. Jugar con el asilo, someterlo a los intereses sórdidos del mercado, limitarlo por un puro egoísmo de privilegiado, es manipular peligrosamente la idea misma de humanidad. Por eso, aunque sea legítimo intentar adaptarlo a las condiciones específicas en que se produce, no puede servir de pretexto para desnaturalizarlo”.Parece que no hemos avanzado mucho en este sentido en estos últimos años.
Samir Nair planteaba una serie de cuestiones que a día de hoy se presentan de plena actualidad:
1.- Reconsiderar la categoría de refugiado.
2.- Flexibilizar los requisitos para los solicitantes de asilo.
3.- Establecer unas condiciones de vida adecuadas a los solicitantes en suelo europeo entre otras.
Todas estas cuestiones se sitúan muy lejos, en los centros de poder donde se toman las grandes decisiones que luego por otra parte, nos afectan. Así que y nosotros… ¿estamos dispuestos a hacer algo al respecto? Si la respuesta es sí, a continuación vendría la siguiente pregunta: ¿es que acaso podemos hacer algo? Pensamos que sí:
Posicionarnos: como ciudadanos podemos alzar la voz ante lo que está ocurriendo, es en circunstancias como estas cuando la opinión pública puede ejercer mucha presión y convertirse en un amplificador que remueva las conciencias.
La sociedad civil junto con las corporaciones locales deben trabajar codo a codo con iniciativas encaminadas a elaborar un Plan de Acogida Integral para estas personas movilizando para ello todos los recursos (económicos, materiales, de infraestructura…) que sean necesarios. Esta acogida debe estar fundamentada en los principios éticos de la solidaridad, el compromiso y la mano tendida como muestra de apoyo.
“Desde PROCOMAR VALLADOLID ACOGE seguiremos trabajando como lo llevamos haciendo hasta ahora con independencia del origen, las causas o las motivaciones para iniciar un proyecto migratorio porque la persona es el eje central sobre el que se desarrolla la intervención.
Ante el drama de los refugiados, nuestras acciones tienen en cuenta las características personales y siempre enfocadas a respuestas muy concretas.”

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